viernes, 22 de junio de 2007

¿Expansión del arte o expansión de la burocracia?

A partir de la irrupción de las vanguardias, ocurrida en las primeras décadas del siglo XX, el concepto de arte ha sido atravesado de manera incesante por toda suerte de teorías y manifiestos basados en la idea de la expansión o agregación al campo del arte de disciplinas y realidades de la más variada naturaleza, en la mayoría de los casos sin ninguna conexión con el concepto que durante treinta o más siglos tuvo perfiles nítidos e inequívocos.
Como consecuencia de este nuevo estado de cosas, la palabra arte ha perdido hasta el menor vestigio de significado específico o previsible, ya que se acude a ella para rotular una inmensurable cantidad de fenómenos provenientes de todos los campos y disciplinas imaginables.
Para constatarlo, basta con inquirir a cualquier persona medianamente informada qué tipo específico de imagen o fenómeno asocia con la expresión “hacer arte”.
¿Cuál puede ser su respuesta, de cara a un sistema que no trepida en consagrar como arte todo lo que hay y todo lo que sucede en el mundo, según el principio de sagrada e irrestricta legitimidad que se le confiere a cualquier artista, crítico, teórico, funcionario o curador reconocido por la burocracia internacional del arte, según la lógica del toque mágico que convierte al sapo en un gallardo príncipe?
Mi conclusión es que por fuera de las disciplinas canónicas, único ámbito reconocido y reconocible del arte y el único que no requiere de justificaciones ni acrobacias conceptuales para ser aceptado como tal, ingresamos a una zona de riesgo carente de anclaje racional, signada por el pensamiento mágico y la imposibilidad de reconocer como arte lo que se propone como obra de arte.
Hay que aceptar, sin embargo, que a pesar de su inutilidad ese mundo mágico enriquece los horizontes del absurdo y el humor, como lo prueba esta curiosa información distribuida por France Presse el pasado 22 de junio, bajo el título:

Se desmoronó una obra de arte en Documenta
Una obra de la mayor exposición de arte contemporáneo del mundo, la Documenta XII, expuesta al aire libre y titulada 'Template', del artista chino Ai Weiwei, se desmoronó por una fuerte tormenta el miércoles en Kassel (centro de Alemania), ganando así en popularidad.
La instalación, ubicada sobre el prado ante uno de los pabellones de la muestra, era una torre de 12 metros de altura constituida por marcos de puertas y ventanas de madera provenientes de casas de las dinastías Ming y Qing, destruidas por los masivos proyectos inmobiliarios realizados actualmente por la República Popular de China.
'Está mejor que antes', declaró el artista de 50 años, tras contemplar los efectos devastadores de la tormenta sobre su obra. 'Ahora al menos es visible la fuerza de la naturaleza.
Y es por este tipo de emociones que el arte se hace bello', dijo Ai.
Ai Weiwei, que participa como arquitecto en la construcción del estadio de Pekín para los Juegos Olímpicos de 2008, quiso sin embargo tranquilizar al público: 'No hay que temer, sé diferenciar entre la arquitectura y el arte', afirmó.
'Por una parte, es una catástrofe relativa, por otra, las ruinas permiten ahora realizar muchas asociaciones, y es exactamente eso lo que quiere el arte: estimular' el pensamiento, subrayó el comisario de la duodécima edición de la Documenta, el alemán Roger Buergel.
Un experto estimará ahora el valor de la obra transformada este jueves.
'El precio se ha duplicado', comentó con humor Ai Weiwei.