lunes, 19 de noviembre de 2007

El Arte se libera de las cosas

De manera inesperada, el mundo del arte contemporáneo, que parecía condenado a vegetar en una enmarañada babel de lenguajes indescifrables, encontró su culminación. Acaba de anunciarse que la 28ª Bienal de arte de San Pablo, considerada como el mayor acontecimiento de las artes plásticas de América latina y prevista para octubre del 2008, será una celebración en vacío, sin artistas ni obras, y con el edificio construido por el arquitecto Oscar Niemeyer convertido en un “espacio para la reflexión”.
Por decisión de su director artístico, Ivo Mesquita, no habrá en la Bienal ni una sola obra de arte. El segundo pabellón, de 11.313 metros cuadrados, quedará totalmente vacío. El de entrada se convertirá en una inmensa biblioteca donde podrá consultarse la historia de las ediciones anteriores, desde la primera en 1951, así como información sobre las 200 bienales, poco más o menos, que se celebran actualmente en el mundo. "La bienal responde a un modelo de exposición del siglo XIX y estamos en el XXI. No creo que este modelo esté agotado, pero necesita una profunda revisión", dijo Mesquita al diario O Globo. "Estoy proponiendo un debate, es una llamada a la controversia".
En rigor, lo que Mesquita propone es una post-controversia, ya que en esta era de las bienales signadas por los superpoderes del curador supremo, sólo se nos permite opinar apoyados contra el muro impenetrable de los hechos consumados. Recordemos, en efecto, que la anterior edición de la Bienal de San Pablo, en 2006, aportó el sobresalto de eliminar los tradicionales pabellones nacionales, y que la selección de los 119 artistas que participaron bajo el lema de "Cómo vivir juntos" estuvo a cargo exclusivamente de la directora artística, Lisette Lagnado, y de su equipo de curadores, de modo que la única posibilidad de vivir juntos pasó por la sumisión a las directivas de Lisette.
Sin embargo, es lícito sospechar que, a pesar de su arbitrariedad y de su aparente nihilismo, la decisión de Mesquita adquiere, como ya se dijo, el significado de una consumación, entendida como el arribo a un reino ideal, largamente preanunciado por el rumbo general del arte contemporáneo. ¿Qué fue, en efecto, el mingitorio de Duchamp, señalado como el inicio de una revolución artística, sino un primer gran paso hacia la separación entre arte y objeto? A partir de ese momento germinal, como si se hubiera tratado del disparo de largada, la parábola del arte contemporáneo siguió el rumbo señalado por su fuente de energía más poderosa y constante, casi una fuerza gravitatoria impresa en su ADN, que lo empuja hacia la desmaterialización total. El creciente despojamiento de la imagen iniciado por Malevitch y Mondrian, los “espacios plásticos vacíos” y los paneles monocromáticos de Ives Klein, la nutrida corriente minimalista que fatigó el arte de las últimas décadas y la habitación vacía que mereció un premio Turner, son sólo algunos de los hitos que anudan ese viaje hacia la Nada.
A la luz de esos antecedentes, la próxima irrupción de una Bienal de San Pablo sin obras podría ser entendida entonces como la consumación de un prodigioso contenedor platónico, preparado para albergar el aura luminosa e inmaterial del Arte, que al librarse de la atadura de las cosas ingresará por fin a la dimensión de las estructuras celestiales que reclama el espíritu humano.
Por esta vía de interpretación podemos llegar a suponer que el propósito de Ivo Mesquita es lograr la virtual ascensión del Arte a la categoría de neorreligión, para terminar así con la caótica dispersión de las sectas que hasta hoy pretenden limitar su luminosa inmaterialidad, encerrándolo en los burdos límites de videos, instalaciones, fotografías, peceras con formol y torpes alegatos políticos o ambientales.
Para compensar esas ausencias bienhechoras, Ivo Mesquita estima que en la Bienal sin obras, cuyo lema será “En contacto directo", "podrán realizarse performances y otras acciones efímeras. Será como una gran plaza donde podrá reunirse la gente".
En resumen, el afán de Mesquita por superar las concepciones del siglo XIX podría significar el comienzo de un ritual de contacto directo con el Arte, que a partir de octubre del 2008 se realizará sin la penosa y previsible acumulación de escándalos y naderías que llenaba el espacio de las viejas bienales.
¿Podremos empezar a creer en el progreso del arte?

martes, 13 de noviembre de 2007

Los hundidos, por Fernando Gómez

En respuesta al pedido de colaboraciones, un viejo amigo
nos envió esta reflexión, que decidimos editar a pesar
de que tiene poco que ver con el arte.

No me gusto mucho yo, no me gusta mucho la gente y no me queda mucho tiempo de vida, pero creo que antes de disolvernos en el aire todos deberíamos dejar algún testimonio sobre las experiencias vividas, porque cada voz retiene los ecos de los que se quedaron sin tiempo para hablar, y fueron muchos los miembros de mi generación hundidos en silencio. Todo empezó en los años ’60, cuando centenares de intelectuales y políticos latinoamericanos, dedicados a ir y venir de La Habana pasando por Roma, París o Moscú, descubrieron los beneficios de una dadivosa revolución y se dedicaron a anunciar el triunfo inevitable de la lucha armada en el continente. Las manifestaciones, consignas y panfletos enardecían las ciudades, los partidos de izquierda se dividían en un sinnúmero de pequeños grupos enemigos del pacifismo soviético, y el antiimperialismo se extendía con el furor de una epidemia. Los que teníamos alrededor de veinte años encontramos en ese clima incandescente la invitación al riesgo y a la aventura, la oportunidad de huir de la familia y la delicia del prestigio instantáneo que reportaba la lucha armada. Enceguecidos por la ambición de vernos convertidos en idolatrados salvamundos, seducidos por la ficción del idealismo y el desinterés y amantes de los humildes para justificar la autoadoración, pronto empezamos a transitar el camino de la clandestinidad y a frecuentar los campos de entrenamiento cubanos, de donde regresábamos dispuestos a dar los primeros pasos en el despiadado mundo del robo, el secuestro y el asesinato. Para decirlo de otra manera, la credulidad juvenil nos hizo trotar como borregos hasta el matadero, aclamados por los progresistas que cantaban hasta quedarse roncos y volvían a sus casas con la felicidad del deber cumplido. Nada bueno podía salir de la mixtura entre el gran rebaño vociferante que aclamaba la violencia de abajo como panacea de la felicidad universal y una juventud dispuesta a tirarse al vacío con tal de llamar la atención. Y nada bueno salió. El baño de sangre y la sucesión de venganzas cruzadas que contribuimos a desatar fertilizaron el protagonismo de las cúpulas militares, alumbraron feroces dictaduras y nos dejaron una larga secuela de desaparecidos que se hundieron en el silencio. Fueron varios miles los que se hundieron para siempre, pero fuimos millones los sobrevivientes. Imaginemos por un momento que los hundidos vuelven a caminar entre nosotros. ¿Nos atreveremos a mirarlos a los ojos? ¿Y si volvieran también las víctimas del otro bando y todos los que cayeron sólo por haber sido elegidos como blanco? ¿Nos acercaríamos a escuchar lo que unos y otros tendrían para decir? ¿O trataríamos de disimular nuestra impaciencia, siempre absorbidos por las urgencias del presente, mientras esperamos que vuelvan al foso de los hundidos? ¿Qué nos podrían decir de nuevo los que perdieron el derecho de envejecer? ¿Se pueden reemplazar los ensueños de Rousseau por el amargo realismo de Hobbes, sin haber sobrepasado la mitad del camino de la vida? La edad es una maestra silenciosa: nos enseña que el desinterés es el camuflaje de la megalomanía, pero a los veinte años no sabíamos nada ni queríamos saberlo. La avidez de tenerlo todo al instante nos comía el cerebro y nos arrastraba alegremente hacia el desastre. Los que logramos abandonar el matadero no tenemos de qué ufanarnos, porque el sobreviviente es alguien que eludió el pacto de sangre y se convirtió en sospechoso permanente, pero somos los únicos que podemos hacer la ecografía del desastre y presentar un descargo en nombre de los hundidos, sin pedir una compasión mayor que la que cualquier persona merece. Señores del jurado: cuando empezó la siembra del odio no éramos capaces de asociar la idea del asesinato a los rasgos singulares de una persona verdadera, dueña de su nombre y apellido y esclava de sus sueños y esperanzas. Nuestra visión del asesinato no pasaba del campo de la abstracción y de las operaciones imaginarias contra seres sin rostro y sin nombre, desprovistos de sentimientos y de humanidad, que representaban al enemigo absoluto. Si hubiéramos tenido la oportunidad de madurar, el remordimiento y el arrepentimiento nos hubieran desbordado el corazón. Una vez hecho el descargo, aunque es demasiado tarde para dedicarles moralejas y reflexiones a los hundidos, deberíamos hacer un esfuerzo por alertar a los jóvenes de hoy y a los que vendrán, para que traten de no descubrir por sí mismos la ficha oculta en todas las guerras: se marcha hacia el combate entre vivas y canciones marciales, como ángeles justicieros convocados por el sagrado deber de matar a un enemigo simbólico, hasta que el primer cadáver real convierte todas las causas, conceptos y abstracciones en un barboteo carente de significado. Y los muertos se habrán muerto para siempre.

lunes, 12 de noviembre de 2007

martes, 6 de noviembre de 2007

Emma
óleo s/ madera 2007
0,60 x 0,90 m
Desnudo de espaldas
óleo s/ madera 2007
0,60 x 0,90 m
Después de la excelente nota de Adrián Gualdoni Basualdo sobre la muestra de pintura española en el Museo nacional de Bellas Artes, debo reconocer mi equivocación: a pesar de lo señalado en varias notas de este blog, en la revista adncultura tienen cabida todas las voces, tal como suelen afirmar los editores de La Nación. Brindemos por el pluralismo y el libre juego de las ideas y hagamos votos para que la tendencia se extienda a todo el escenario del arte.
De paso, para aportar nuestro grano de arena, invitamos a los lectores a participar en este espacio, aportando sus reflexiones sobre todo lo que sucede y todo lo que se discute en el campo artístico.

jueves, 1 de noviembre de 2007


Hélice
óleo s/ madera 2007
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