Sostener que la inequidad y la desigualdad son atributos del neoliberalismo implica afirmar que la naturaleza es neoliberal.
Esto quiere decir, por ejemplo, que si usted es una persona atractiva puede tener la posibilidad de cobrar 500.000 dólares por hacer un desnudo para la revista Play Boy, pero si tiene la desgracia estructural y definitiva de ser una persona no atractiva, jamás podrá ganar ese dinero con tanta facilidad.
Dicho de otro modo, muchos de nosotros somos víctimas de la desigualdad irrevocable de la naturaleza, a la que ninguna revolución puede revertir, en tanto que otros son sus afortunados beneficiarios.
Para colmo, nuestras ventajas y desventajas naturales no se limitan al aspecto físico, ya que también nos diferenciamos estructuralmente por la generosa o nula capacidad intelectual, los dones o facultades especiales para realizar alguna determinada actividad socialmente valorada o la ausencia de tales dones, el carisma que atrae el afecto y la atención del prójimo o el talante negativo que los rechaza, y otros mil aspectos que contribuyen a la inabarcable diversidad de la especie humana.
En síntesis, dejando de lado las discapacidades genéticas de carácter patológico, nos dividimos en atractivos y no atractivos, inteligentes y no inteligentes, aptos o no aptos para desarrollar disciplinas artísticas, científicas o deportivas, tímidos o extravertidos, fuertes o débiles, simpáticos o malhumorados, laboriosos o indolentes, y esas cruciales diferencias condicionan dramáticamente nuestro destino.
Para aceptar la injusticia irrevocable de la naturaleza, que discrimina a la mayoría de las personas y sólo beneficia a una minoría, y para aprender a luchar contra nuestras limitaciones, es necesario tener un ánimo valiente y estoico; el hecho de que los débiles de carácter prefieran atribuir sus desventajas naturales a causas exteriores explica el éxito de las ideologías, creencias y doctrinas que postulan la igualdad de merecimientos y derechos que tendrían o deberían tener todas las personas por el sólo hecho de haber nacido.
Si todos somos iguales en atributos y derechos, significa que algo o alguien nos ha quitado lo que nos correspondía: el capitalismo, el imperialismo y el neoliberalismo vienen a representar así el papel de la bestia negra que explica nuestra situación de inferioridad y nos libera de toda culpa; si hemos sido expoliados por una fuerza maligna, nuestras dotes y nuestra actitud frente a la vida están fuera de la cuestión: nada debemos cambiar porque somos víctimas inocentes.
En otras palabras, si nos engañamos es porque necesitamos ser engañados, queremos ser engañados para evadir la realidad de nuestras limitaciones personales y la responsabilidad de luchar contra ellas.
Nos seduce más la idea de salir a la calle para proclamar nuestra condición de víctimas y demandar bienes y derechos, que hacer el esfuerzo de capacitarnos y trabajar durante décadas para conseguirlos, como sí lo hacen las masas anónimas de ciudadanos que construyen la riqueza de las naciones, y como también sabe hacerlo Naomí Klein, una escritora talentosa y disciplinada, eficazmente neoliberal, que multiplica las ediciones de sus libros y el saldo de su cuenta bancaria renovando los argumentos de los incapaces y los indolentes.
martes, 22 de abril de 2008
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