jueves, 12 de junio de 2008

Arte BA, los medios de prensa y el arte contemporáneo

El babélico edificio del arte contemporáneo se apoya, como es sabido, en la hipótesis de la abolición de los límites del arte construida a partir del urinario de Duchamp y consolidada por la caja Brillo de Andy Warhol.
La irrupción de tales objetos y la consiguiente necesidad de explicar su introducción en el campo artístico fomentó la aparición de un copioso cortejo de críticos, curadores, artistas y directores de museos y bienales, que respaldaron la decisión de responder con un rotundo SI la pregunta del millón: ¿eso es arte?, y se constituyeron, a partir de esa respuesta, en garantes de la legitimidad artística de mingitorios, tiburones, residuos, excrementos, videos, piedras, cartones, ropas, fotografías, consignas políticas y ambientales, camas, colchones, toboganes, luces, grietas, caramelos… y hasta de cierta clase de pinturas.
Ese estado de cosas genera acaloradas polémicas en el reducido mundo del arte, pero las diferencias de opinión no encuentran ningún eco en los medios periodísticos locales, que se muestran curiosamente empeñados en favorecer al arte contemporáneo con desconcertante docilidad, como si algún misterioso tabú les impidiera registrar las voces críticas y el pensamiento disidente.
En efecto, el elogio sistemático del arte contemporáneo y los invariables panegíricos que corean cada nueva edición de Arte BA, y que parecen calcados uno del otro, muestran a las claras esa debilidad de nuestros principales diarios.
Como demostración de que otra actitud es posible, y dado que esos mismos medios suelen destacar la calidad informativa y profesional del matutino español El País, nos parece pertinente citar algunos tramos del debate organizado en la feria ARCO y publicado por ese diario el 15 de febrero de 2008, para tratar la situación del arte contemporáneo. El escritor Antonio Muñoz Molina actuó como moderador del encuentro; participaron los artistas Eduardo Arroyo, Jaume Plensa, Soledad Sevilla y Sergio Prego, el crítico de arte Francisco Calvo Serraller, la curadora Carmen Giménez y José Guirao, director de La Casa Encendida.
En su intervención, Muñoz Molina seleccionó las siguientes paradojas del arte contemporáneo, que a su juicio lo describen y lo definen:
"La primera paradoja es que en arte la ruptura es la norma. Paradoja que plantea sus problemas, porque, para rebelarte contra algo, tienes que hacerlo contra un poder, que en este caso se ha disipado. Además la provocación requiere un fuerte establishment de gente dispuesta a sentirse provocada y escandalizada".
"La segunda paradoja es que, en vez de que la explicación nazca a partir de la obra, en muchos casos es la obra la que nace de la explicación. E incluso la explicación llega a cobrar más importancia que la obra, y en muchas ocasiones hasta llega a sustituirla.
En la Bienal de Venecia de 2003, el Pabellón de España consistía en que no se podía entrar al Pabellón de España, en el cual no había nada. Y la próxima Bienal de São Paulo es una bienal en la que sólo hay explicación, no hay obras".
"La tercera paradoja, dado que la obra no habla por sí misma, sino que depende de la explicación, reside en quién da la explicación. Y aquí se produce también otra inversión, porque muchas veces la estrella no es el artista sino el explicador: el comisario, lo que llaman el curator".
"La siguiente paradoja es que el museo es anterior al artista.
Antes había una ecología del coleccionismo y del museo, que consistía en que había coleccionistas privados que compraban cuadros en las galerías, se arriesgaban; con el tiempo, esos coleccionistas legaban a los museos esas obras que habían comprado, ese tiempo había llevado a cabo un filtro, y el museo era el resultado final de ese proceso.
Ahora, curiosamente, en muchos casos el artista existe porque existe el museo, porque, y hablo concretamente del caso de España, hay tantos museos de arte contemporáneo que es necesario llenarlos de artistas, de artistas que vayan acompañados de su explicación y de su correspondiente legitimación de esa explicación".
"Y la última paradoja, la que resume todo, es que la vanguardia se ha convertido en el arte oficial. Ahora se puede ir al Prado y ver el arte oficial, de gran aparato, de finales del XIX. El arte de gran aparato de ahora, de principios del siglo XXI, es siempre un arte de provocación, de un formato que no admite al coleccionista o al privado y que satisface la ambición del político que ha creado el museo. La suya es la ambición de la juventud, la ambición de tener artistas jóvenes, de esa expresión que se usa tanto, que es apostar por lo nuevo, apostar por la ruptura, apostar por la novedad. Pero si la novedad es la norma, ¿cómo puede haber novedad?".
El pintor Eduardo Arroyo también muestra su disconformidad con el rumbo de Arco: "...yo creo francamente que Arco va hacia una solución internacional, a tratar de parecerse a Basilea, a Miami o a Shanghai, y de esta manera poner un 20% de galerías españolas y un 80% de extranjeras. No sé que quiere decir esto de ser internacional, lo que sí sé es que estas ferias van llegando a ser de una uniformidad total, y los protagonistas de estas ferias paradójicamente son pintores sin rostro y sin firma, son Leviatanes, son Molochs, carne de cañón en realidad. Estos adolescentes producen una obra colectiva, que no se conoce; una obra de arte muy barata, porque el mercado se ha convertido en una obra barata y, sobre todo, muy decorativa. He visto últimamente fotos de casas de coleccionistas y, curiosamente, los cuadros que están en las paredes cuestan menos dinero que los muebles de firma que están sobre la moqueta. Esto no es coleccionismo en absoluto, esto es pura decoración. Se va llegando poco a poco a echar de certámenes como Arco a galerías que, buenas o malas, eran gente que educaba, que tenía el deseo de educar al coleccionista que no sabía y le decían: mira este cuadro, y tal otro. Están terminando con ello totalmente. Expulsando de estos certámenes a galerías tradicionales, sólo están consiguiendo que esto se convierta en un enorme aburrimiento".
Como se ve, el diario El País opta por la argumentación plural y la inteligencia activa en su cobertura del arte contemporáneo, sin que se produzca ninguna calamidad.
Esto quiere decir que los medios deben convocar a la gente a pensar, argumentar, disentir y debatir para que el lector pueda tener una información tan amplia y matizada de los fenómenos artísticos como la que se brinda en cualquier otra disciplina.
Esperemos, entonces, que los grandes diarios argentinos superen el hueco triunfalismo sazonado con las consabidas frases hechas: “año impar”, “éxito de público”, “record de ventas” y otras frivolidades mundanas, para dar paso a la reflexión y el pensamiento independiente.
Como Muñoz Molina o Eduardo Arroyo, nuestros artistas, escritores e intelectuales tienen mucho que decir sobre la vapuleada cuestión del arte. Sólo es necesario consultarlos y concederles un espacio.
Publicado en la revista Estímulo, edición mayo 2008.