martes, 22 de diciembre de 2009

Poemas para despedir el 2009


Transiciones

Me cuesta eludir el tremendismo
Cuando hablo de la vida que se va,
El minuto que disfruto ya no está
Y me veo más cerca del abismo.
Si fui niño y fui joven cierto día
Cuando el mundo era lo que era
Y no este declinar que desespera,
Sólo cabe sonreír a la ironía.
Pierden su frescor los atavismos
Bajo el peso resignado de la edad,
El tiempo es nuestra única deidad
Y su paso no sabe de exorcismos.
En mi jardín de flores y bellezas
Ya crecen agoreras las malezas.

Dos mundos

Hubo un antes de mi día en este mundo,
Un largo ayer de faraones y de imperios,
Vagos durmientes rodeados de misterios,
Rendidos todos al olvido más profundo.
Cuesta imaginar un desierto tan poblado,
Pero pronto estaré allí, tendido y seco
Oficiante mudo de un incierto recoveco
Sin deseos ni ilusiones, discreto y acostado.
Me maravilla desde afuera ese universo
Infinito de luchas y versiones y relatos,
Galaxia prodigiosa de sagas y de datos
Compactada al tuntún en este verso.
Si de la vida y sus pasiones soy oriundo
No me apasiona ingresar al otro mundo.


Descorazonado

El centro no puede estar en todas partes,
Ni la circunferencia flotar en ninguna,
De las malas artes el sofisma es una
Que asimila los jueves a los martes.
El verdadero centro es un rojo corazón
Susurrante en la noche y en el día,
Partidario demente de la mitología,
Y empeñado en impugnar a la razón.
Si no me ama la malvada ni me llama,
Y mi futuro se disuelve en el pasado
Ya me veo el corazón descascarado
Y planifico unos meses en la cama.
La circunferencia me mira de costado
Y mi corazón se cuelga de una rama.


Daniel Pérez / dic. 2009

sábado, 19 de diciembre de 2009

Sonetos del siglo XXI


Fósiles

La vida es corta y frágil, pero es terca,
Dura menos que la caída de una hoja,

Hoy el tiempo enciende una luz roja
Que brilla en los dientes de Atapuerca.
Ahora sé que el alma se evapora
Y que desbordan ironía los antaños:
Mi dentadura durará un millón de años
Y mi vida dura menos de una hora.
En la muda formación del esqueleto
Ciertos rasgos se dan, transicionales,
Todo es transición, si lo interpreto,
Porque el tiempo nos torna desiguales.
Transición es el paso hacia el olvido
Y es tu adiós, que me deja malherido.

Berretín

Si me aconsejan usar el diccionario
Me declaro con orgullo analfabeto
Y defiendo hasta la muerte mi libreto
Porque yo nací contestatario.
Si alguien grita Troya soy un griego,
Y frente al griego me visto de otomano,
Cuando esperan el puño doy la mano
Y si tengo que mirarte me hago el ciego.
Mi corazón es un poco cavernario,
Para estar en contra me doy maña,
Frente al mar elijo la montaña,
Y en el viaje me vuelvo sedentario.
Me gusta decir siempre lo contrario
Porque sé que mi odio no te engaña.


Elocuencia de las cifras

Tres mil millones de signos brillan
En su alborotado código genético,
El resultado es muy nítido y estético;
Sus ojos pardos me maravillan.
Ítem más, en el mapa del conectoma
Se conectan como si fueran personas
Unos cien mil millones de neuronas:
(Vaya cifra de once ceros y sin coma.)
Sin embargo, la malvada, a pesar
De esas sumas tan inconcebibles,
En mi boca ni una vez quiso dejar
La dulzura de su boca apetecible,
Para dar inicio al dulce navegar

Que expande el sabor de lo posible.



Daniel Pérez / dic. 2009

viernes, 18 de diciembre de 2009

Rafael Argullol: un intelectual lúcido y valiente disecciona el fraude del arte contemporáneo

Lo que sigue es un fragmento de la nota de Rafael Argullol publicada en la sección Opinión del diario El País de España en el día de hoy (18/12/2009). Se trata de una reseña de un libro del economista y experto en arte Don Thompson, titulado "El tiburón de 12 millones de dólares".


El tiburón de 12 millones de dólares podría utilizarse como un excelente informe para explicarnos cómo ha podido convertirse en hegemónico un arte fraudulento auspiciado por engranajes mercantiles en los que la ignorancia con respecto a la gran tradición artística (incluida la vanguardista) sólo es superada por la codicia.
Este último aspecto es el que más me interesa, dado que las demás cuestiones quedan suficientemente aclaradas por el propio Thompson con un alud de datos difíciles de desmentir. En otras palabras, lo atractivo, creo, es preguntarnos cómo se ha impuesto, casi sin resistencia, una idea tan reaccionaria del arte para que tanta gente traduzca el valor artístico en términos económicos y mediáticos hasta encontrar lógica la confusión del estilo artístico con la marca comercial. Thompson demuestra de manera fehaciente cómo en las últimas décadas la imposición de la marca ha igualado por completo el mercado del arte y los otros mercados.
La selección de artistas-marcas se ha realizado con los mismos criterios que la de los otros protagonistas emblemáticos del engranaje mercantil, con un creciente desinterés por el talento artístico a favor de la "capacidad de impacto". La consecuencia inmediata de este proceso ha sido la sistemática postergación de todos aquellos que no encajaban en el prototipo u ofrecían resistencia desde su particular concepción artística.
De hecho, el arte mercantilmente hegemónico de nuestros días, y el único visible en los medios de comunicación, es un arte en el que no hacen falta artistas ni críticas ni conaisseurs, ni público si quiera, con tal de que unos subasteros suficientemente poderosos hagan visibles marcas reconocibles. El impacto de la marca, metamorfoseado en obra, es el que influirá en los pujadores millonarios y en los responsables de los "museos contemporáneos", quienes, con dinero público, contribuirán a certificar el valor artístico de lo que inicialmente en la mente de los especuladores, es una operación especulativa.
Naturalmente, el tiburón al que se refiere Don Thompson en su título es el de Damien Hirst, el mayor fabricante de productos de impacto en los últimos lustros y taxidermista más bien mediocre, como lo demuestra el hecho de que su renombrado escualo conservado en formaldehído se deterioró hasta el punto de tener que ser sustituido por otro ejemplar. La elección de Hirst es acertada porque el carácter diáfano de su trayectoria lo hace representativo: no tanto, por supuesto, desde la perspectiva de sus propuestas materiales (lo que nos llevaría a la enojosa e irresoluble cuestión qué-es-una-obra-de-arte) sino del encaje en el engranaje que proporciona al mundo los artistas-marca. Thompson analiza con perspicacia cómo un tiburón australiano mal disecado, al que se ha titulado con perfecta arbitrariedad La imposibilidad física de la muerte en la mente de alguien vivo llega a ser valorado en 12 millones de dólares y, en consecuencia, es transformado en una obra de referencia para el arte contemporáneo.
La supuesta provocación de Hirst es, desde luego, un puro cálculo, pero esto, aunque evidente para todo, no evita que se incorpore al circuito de la autoridad artística, y a esa autoridad se remitirán compradores particulares, museos contemporáneos públicos y bienales de arte encargadas de mostrar lo que verdaderamente cuenta. Lo retrógrado de la concepción que toma como baluarte a los Damien Hirst o Jeff Koons no se fundamenta en la lluvia de millones que cae sobre las cabezas de los que acatan el sistema, sino en la exclusión de los que, con igual o mayor talento, no lo acatan. El mercado usurpa todo el territorio pero, como afirma el crítico de arte Jerry Saltz, "el mercado es una tormenta perfecta de palabrería, interpretaciones sesgadas y especulaciones, una combinación de mercado de esclavos, parqué de bolsa, discoteca, teatro y burdel, donde una casta cerrada y cada vez más numerosa celebra unos rituales en los que los códigos de consumo y distinción se manipulan a la vista de todos".
A pesar de esta evidente manipulación, la tormenta perfecta se abate sobre todos los ámbitos privados y públicos. Con impecable lógica mercantil, los inversores compran productos que puedan reportarles rápidos beneficios; pero lo más demoledor es que los grandes museos acepten las mismas premisas e incorporen a sus fondos, como muestras del arte actual, las mercancías colocadas en el escaparate por los especuladores. En los últimos años, centros de referencia como el MOMA de Nueva York o la Modern Tate de Londres se han plegado a las exigencias de los subastadores y, con frecuencia, si no han adquirido determinadas obras ha sido porque algún nuevo rico ruso o algún excéntrico millonario japonés los ha superado en las pujas. A escala local, cientos de "museos de arte contemporáneo" han actuado según la misma servidumbre, creando así un canon sobre lo que significaba contemporaneidad en el trabajo artístico. A nadie le ha importado que Hirst confesara que eran sus técnicos, y no él, quienes llevaban a cabo las obras que él firmaba. Nadie ha reaccionado porque ya nadie, en las llamadas instituciones artísticas, puede oponerse al poder de Christie's y Sotheby's, y aún menos a las opacas maneras fraudulentas de los Madoff del arte.
Con todo, el escándalo no es tanto económico como artístico. Situado en las antípodas de la vanguardia, sin inconformismo espiritual alguno, el arte oficioso que resulta de estos mecanismos de selección es un arte acomodaticio y servil, por más que, al tener que responder a las piruetas impactantes que exige el mercado, quiera presentarse como provocador y original. Sin ningún género de dudas, las denostadas academias de bellas artes de los tiempos antiguos eran menos dirigistas que los grandes subasteros actuales, y los salones, aquellos ridículos salones que fueron objeto de las burlas de la modernidad, mucho más revolucionarios que la mayoría de nuestros museos de arte contemporáneo, tan estúpidamente arrodillados ante el poder y tan excluyentes. El escándalo no es tanto que un tiburón mal disecado, tras su transformación en obra de arte, quede valorado en 12 millones de dólares, sino que los depredadores devoren cualquier talento que trate de ir a contracorriente.

miércoles, 16 de diciembre de 2009

No estamos solos II

En una entrada de este blog correspondiente al mes de noviembre, bajo el título "No estamos solos", publicamos una nota de Juan Carlos Botero aparecida en el diario colombiano El Espectador.
La nota de Botero nos pareció relevante y significativa porque revierte el invariable elogio genuflexo y acrítico que practican los grandes diarios de Occidente en sus coberturas del arte contemporáneo.
Días después, la revista Arcadia lanzó un virulento ataque contra el columnista que había tenido el atrevimiento de señalar la epidemia de fraude y estupidez amparada bajo el nombre de Duchamp, ataque que Botero responde de esta manera:

La revista Arcadia, desatinada e intolerante

por Juan Carlos Botero / El Espectador / Colombia

En su último número, la revista Arcadia dispara su editorial en contra de mi posición acerca del arte contemporáneo. No es extraño.
A varios autores de mi generación este medio nos desprecia, critica o silencia desde hace años. Lástima. Creímos que esta revista iba a ser, a diferencia de otras, más amplia y tolerante. Esa oportunidad se perdió con Arcadia hace rato.
Son muchas sus críticas, empezando con ésta: según Arcadia, yo desprecio “de golpe y porrazo” cinco décadas de arte contemporáneo. ¿Es cierto? Veamos. Los últimos 50 años incluye a artistas como Picasso, Chagall, Freud, Bacon y muchos más, junto con el arte más importante de EE.UU. luego de la II Guerra Mundial. ¿Desprecio a estos maestros? ¿No he escrito suficientes veces, en diferentes medios y momentos, a favor de casi todos ellos? ¿Lo tengo que repetir en cada artículo para evitar una acusación tan burda? Es irónico. Porque cuando la revista lanza esos juicios, de golpe y porrazo, incurre en la misma generalización que ella critica. Y en mi caso es obviamente falsa.
Mi desprecio es más específico: rechazo el arte conceptual que ahora está tan de moda. Me parece una estafa, y no soy el único. Varios de los críticos más serios de nuestro tiempo lo califican como absurdo. Así también piensa mi padre, y la revista dice que a Botero, “por sus 80 años”, le perdona la opinión, pero que yo coincida con esta tesis “en un ciego acto de amor filial” es “inadmisible”. Ahí se equivoca Arcadia: mis opiniones no dependen de mis lazos familiares, sino de mis convicciones. “Escribo bien, pero pienso mal”, agrega. Lo que faltaba. Que ahora un medio decida quién piensa bien y quién no, y cuáles ideas son admisibles y cuáles no. A esa revista le falta una buena dosis de tolerancia. Y de modestia.
También de criterios. Es un pesar que Arcadia defienda tanta basura que se está haciendo en las artes. Nuestro tiempo padece una grave ceguera cuando figuras influyentes en los medios dicen que Gustav Klimt o Andy Warhol son superiores a Da Vinci, o cuando otras comparan a Richard Serra con Miguel Ángel. Hay que ser muy ignorante para comparar a Miguel Ángel con cualquier otro escultor, y más con uno que hace grandes planchas de metal oxidado.
No todo arte le gusta a todo el mundo. Pero ésta no es una cuestión de gustos, sino de ética. Porque lo que está de por medio es un engaño, una estafa carísima que muchas veces celebran con risotadas sus mismos creadores. Richard Prince, con sus fotos tomadas de otras fotos y sus chistes pintados en telas, es el primero en decir que él vive de la estupidez de ricos incautos.
Antes el arte lo definían papas y monarcas. Luego, historiadores y curadores de museos. Hoy lo definen millonarios que ven el arte como una mercancía. Lástima que Arcadia, uno de los pocos medios culturales del país, caiga en esa trampa y avale juicios absurdos motivados por el dinero. Pero si esa es la posición de su directora, entonces que la revista siga aplaudiendo los tiburones en formol de Hirst, los conejos muertos de Cattelan, los globos de Koons, las materias fecales de Manzoni y mil tonterías semejantes. No me preocupa. Esas piezas serán tan efímeras en la historia del arte como la influencia de Arcadia en la literatura colombiana.

martes, 15 de diciembre de 2009

Sonetos de la semana

A pedido de mis tres lectores complacientes y confesos aquí va otra entrega poética.


Volare

Si navegan tantos seres en el cielo
Moscas, palomas, pegasos y dragones,
Y ángeles y hadas y dumbos voladores
Duchos en el arte liviano del vuelo,
¿Por qué no puedo flotar sobre el abismo,
Como un raro fenómeno celeste
Y buscar entre el norte y el oeste
El frágil sostén del optimismo?
Si tus ojos demandan la caricia
Y tus muslos se asoman tentadores
No es imprescindible que me adores
Para volar hacia tu ardor y tu malicia.
Me apasiona aletear en tu delicia
Y saborear la miel de tus sudores.


Soliloquio al borde de la nada

I
Estoy parado al borde de un abismo
Que devoró todo el curso de la historia,
La grieta se ennegrece en mi memoria
Y me invita a paladear el pesimismo.
¿Qué será del mundo, me pregunto,
Sin mi glamoroso perfil de dromedario?
¿Será igualmente grato el escenario
O cambiará el talante del asunto?
Pensémoslo con calma. Si del antes
Nadie llora a Homero ni a Cervantes,
¿Por qué mi cuerpo tieso y ordinario
Convocaría un lamento planetario?
¿Por qué la aparición de mi esqueleto
Merecería el homenaje de un soneto?

II
Si han muerto reyes, faraones, generales,
Grandes poetas, comerciantes, artistas,
Plomeros, cantautores y equilibristas,
Todos devorados por distintos males;
Si tanta gente buena o mala, bienquerida,
Que vivió los días del amor y de la guerra
Me contempla desde abajo de la tierra,
Y no ennegrece ni una brizna de mi vida;
Si tantos amigos y parientes ya partieron
Al quieto barrio del que nadie regresa,
Y jamás recuerdo el bien que me hicieron;
¿Por qué me asalta esta negra tristeza
Y maldigo el macabro rigor del destino
Cuando me asomo al final del camino?

lunes, 14 de diciembre de 2009

Fernando Botero cargó contra el Premio Fernando Botero

Los diarios de hoy, 14/12/2009, publicaron una interesante noticia: la directora de la Fundación Jóvenes Artistas Colombianos, María Elvira Pardo, anunció que el Premio Fernando Botero, una distinción creada en 2005 para reconocer a artistas menores de 35 años y considerado uno de los más cuantiosos de Latinoamérica por su dotación de 50.000 euros, no volverá a ser convocado debido a las declaraciones realizadas por Botero a la revista Arcadia, donde opinó que el jurado internacional premia "obras lamentables" y que "hay obras mejores en los salones; se dieron los premios muy mal dados".
Según la agencia de noticias EFE, las declaraciones de Botero causaron extrañeza en la Fundación que otorgaba los premios, ya que él “tenía claro que apoyaba un certamen de arte contemporáneo, algo que en muchas ocasiones resulta muy distinto a los gustos personales del pintor y escultor”. La directora de la Fundación aseguró que "tras leer esas declaraciones tan tajantes sobre el arte joven en Colombia decidimos que era imposible hacer el último premio que él quería hacer. No vale la pena hacerlo así".
Hay varios puntos que sería oportuno conocer, pero, lamentablemente, la información publicada no los aclara. Dado el nombre del Premio y la decisión de suspenderlo a causa de las declaraciones de Botero, se puede inferir su participación en el financiamiento del mismo, aunque de ser así, lo que personalmente no puedo entender es cómo Botero no tomó las previsiones necesarias para que se premiara la buena pintura, en lugar de los incomprensibles engendros que circulan bajo la denominación de “arte contemporáneo”.
Es lo que en su momento hizo Quinquela Martín en el acta fundacional del museo que lleva su nombre, expresamente dedicado a la preservación y exhibición de la pintura figurativa.
Habida cuenta de que el arte contemporáneo institucionaliza la superstición de que todo cuanto se coloca en una galería de arte se convierte en arte (exceptuando, por supuesto, a una buena pintura), y dado que las supersticiones ofenden a la inteligencia y anulan sus muchos siglos de progreso, me resulta incomprensible que Botero no haya tenido la misma previsión que Quinquela.

domingo, 13 de diciembre de 2009

El soneto es un viaje de ida

Bestiario amoroso

Hoy ví la salvación en la otra esquina
Y el infinito a la vuelta de mi casa,
Hoy supe que la dicha me traspasa
Cuando veo tu temblor de golondrina.
El protocolo del rubor en tus mejillas
Me deja estremecido y palpitante,
Se agudiza mi gracia de elefante
Y corren por mis venas mil ardillas.
Huelo un espeso perfume fugitivo
Que denuncia tus pasos de gacela;
Soy el tigre que acecha y se desvela
Encelado, trepidante y persuasivo.
Soy el miope plumífero de escuela
Que hizo de tu amor un adictivo.

Trama del obsesivo

Inconformista, neurótico, rencoroso,
Autoexigente, milimétrico, fanático,
Introspectivo con un dejo de antipático
Y hervido en un humor calamitoso.
Imperativo es todo cuanto emprendo,
En el inicio quiero verlo terminado,
Mi cerebro es un circuito trastocado
Experto en asuntos que no entiendo.
Para mi tenso repertorio de manías
No existe nada banal ni secundario;
Cautivo del reloj y el calendario
Vivo esclavo de las horas y los días.
Ante el riesgo de caer en la locura
Me refugio en el vaivén de tu cintura
.

Dispersión

Todo lo que no sé del universo
Lo busco en el saber de mi teclado,
No importa si enfrento lo disperso
Ni que Google esté desordenado;
Se restablece el orden en el verso
Con sólo pensar y estar sentado.
La historia es un turbio cementerio
Donde la dicha pasa de costado.
Cartago, Roma y el Imperio
Perdidos están en el pasado,
Más la vida de hoy es algo serio
Que a veces me deja trastornado,
No temo recibir un improperio
A cambio de tu beso apasionado.


Daniel Pérez / dic. 2009

jueves, 10 de diciembre de 2009

Sobre la teoría del "ya fue" en pintura y en poesía

En el debate de la entrada anterior, no contento con descalificar a Carlos Alonso, Fernando Botero y Alejandro Boim (porque esa pintura "ya fue" y porque "no se puede" pintar como ellos), un intolerante y Anónimo partidario del arte contemporáneo la emprende también contra Borges y el soneto, porque según su implacable y actualísimo criterio, hoy tampoco se pueden escribir sonetos.
Como nada es más incitante que lo prohibido, acabo de escribir tres sonetos dedicados al soneto. Espero que los disfruten.


Al soneto

I
Lo acusan de no ser contemporáneo
Lo condenan con rigor y por decreto,
Se encadenan a un patético libreto
Donde todo es banal y momentáneo.
La ceguera espiritual hace invisible
Su orden, su armonía y su sentido
Y la dulce perfección de su sonido
Que toca el corazón de lo sensible.
Grato a Quevedo, Borges y Neruda,
Mixtura de intelecto y sentimiento,
Engranaje de rimado crecimiento
Que sabe del amor y de la duda;
Pura magia musical, ardiente reto,
Es la métrica dulzura del soneto.

II
Intelectual, armonioso, persuasivo,
Metafísico, romántico, intimista,
Delicado, rebelde y humanista
Sabiamente cerebral y sensitivo.
Insinuación, artificio, travesura,
Erotismo, nostalgia, sufrimiento,
Todo cabe en la luz de tu argumento
Tributario del rigor y la dulzura.
Si el amor es esclavo de la herida
Siempre su relato es indiscreto,
Pero nunca la pasión está perdida
Si hace del poema un parapeto.
Amor y muerte son el nudo de la vida
Y el centro palpitante del soneto.

III
¿Dónde nace su celeste arquitectura,
La dulzura musical que me arrebata?
¿Qué enigmática armonía se desata
En su clave de ardimiento y de finura?
¿Hay un alma sugerente y primordial,
Que diseña la precisa singladura
Y mide la extensión de una aventura
Enclavada en el espacio coloquial?
¿Qué tierna gracia expande su lectura
Sobre la pura dimensión del ideal?
¿Qué suave horizonte de ternura
Alimenta su estructura sin igual?
No conozco en este mundo un objeto
Superior a la magia del soneto.


Daniel Pérez / diciembre 2009

miércoles, 9 de diciembre de 2009

El progreso en el arte y en la ciencia y otras cuestiones

A raíz de un comentario anónimo insertado en una entrada anterior de este blog se desató una divertida e instructiva polémica, que transcribo a continuación para que los lectores elaboren sus propias conclusiones.


Anónimo dijo...
Estimado Daniel: Coincido con algunas de las cosas que sostenes. Donald Kuspit en EEUU, por ejemplo, viene pregonando lo mismo desde hace tiempo con libros y muestras: un retorno a la especificidad en arte. El gran problema que veo tanto en tu enfoque (y el de los artistas que te interesan) y el de Kuspit (y los artistas que le interesan) es que lo que ambos plantean es una 'vuelta a'. Lo que propones como alternativa, todo el arte que te interesa, es basicamente VIEJO. Los tiempos cambian y con los cambios se producen aciertos y desaciertos... en arte contemporaneo hay mucho por hacer y decir, pero lo que vos planteas como alternativa (Alonso, Botero, etc. y tus amigos: Boim etc.) esta ya fuera de consideracion, ya paso, ya fue. No se puede pintar como si nada hubiera pasado. Como si Duchamp, Warhol o Lewitt no hubieran existido. Como si Pop, Minimalismo, Arte Conceptual no hubieran cambiado el curso y la razon de ser del arte. Es cierto debemos replantearnos muchas cosas respecto del arte y la sociedad, pero hay algo que parece no alcanzas a entender: el arte como los tiempos, para bien o para mal... CAMBIAN. Ojala no tomes a mal mi comentario y en lugar de eso te dediques a estudiar profundamente y a entender como el arte llego a donde llego.

2 de diciembre de 2009 2:37
Daniel Pérez dijo...
Anónimo: en primer lugar, debo decir que no entiendo el anonimato cuando alguien participa en un blog como lo hacés en este caso, sin ánimo de descalificar o insultar, algo que pasa a menudo. Creo que todo lo que se dice desde el anonimato implica una considerable pérdida de sustento en lo que se dice.
A pesar de eso paso a responderte: tu afirmación me parece muy ilustrativa de una manera temporal o cronológica de enfocar el arte, pero veo que no aportás ningún argumento para fundamentar tu postura.
"No se puede pintar como si nada hubiera pasado. Como si Duchamp, Warhol o Lewitt no hubieran existido. Como si Pop, Minimalismo, Arte Conceptual no hubieran cambiado el curso y la razon de ser del arte".
Caramba, ¿quién emitió el decreto universal donde se establece que han cambiado el curso y la razón de ser del arte? ¿Y quién le confirió el poder para dictar ese decreto? ¿Cómo se te ocurre que la labor del artista debe estar encerrada en un cauce inflexible y predeterminado? ¿Por qué un artista no podría inspirarse en lo que diera la real gana y usar la forma artística que le agrade?
Me parece, Anónimo, que tu afirmación es una simplificación unilateral, empobrecedora y absolutamente autoritaria, que convierte al arte en una ejercicio obligatorio de moda y novedad.
Justamente esa neurosis de "lo último", junto al desprecio por lo que "ya fue" son la causa de la estupidez y la banalidad de todo lo que se presenta como arte en las ferias y bienales, algo que mi descripción de algunas de las "obras" presentes en la Bienal del Mercosur muestra con desoladora claridad.
En ese sentido, estoy de acuerdo en que debemos estudiar profundamente cómo el arte llegó adonde llegó. Yo lo hago, y he arriesgado en este blog una interpretación basada en los cambios del gusto artístico provocados por el impresionismo y la abstracción, a los que considero generadores de la neurosis de novedad que hundió al arte en la decadencia y la estupidez actual.
Si se te ocurre responderme, Anónimo, me gustaría que rubricaras tu próximo aporte con tu nombre y apellido.

2 de diciembre de 2009 4:20
Anónimo dijo...
Daniel: Todas las disciplinas del conocimiento, la ciencia, el arte se han ido modificando notable y sustancialmente con el tiempo. No se necesita un decreto para darse cuenta de eso, basta con asumir los cambios, hacerse cargo, informarse. Y eso tampoco tiene nada que ver ni con moda, ni con novedad, esos conceptos son superficiales, coyunturales, banales y pertenece a las dinamicas del mercado que no me interesa debatir en este momento. Por actualizarse digo, simplemente mirar la realidad que nos rodea y darnos cuenta de que CAMBIA. Alguna vez se dijo que la tierra era plana pero eso fue superado. Alguna vez tenia sentido pintar ciertos registros, pero eso fue superado por la llegada de la fotografia. (Y etc, etc, etc... no voy a explicar la historia del civilizacion aca!). Eso no implica ningun desprecio por lo viejo! Al contrario, se debe honrar a quienes contribuyen a evolucionar. Quien se atreveria a despreciar a Miguel Angel, o a Rembrandt o a Picasso?... pero ya fueron, ya dijeron lo que tenian para decir. Fueron importantisimos porque permitieron que el arte evolucionara y por eso los seguimos admirando. Lo mismo que a Platon, Nietzsche, Baudrillard... Shakespeare, Conrad, Camus... Bach, Mozart, Debussy. Eso no es una vision 'temporal o cronologica' es factica. Es la evolucion de la vida.
Igualmente, como te dije, coincido con algunas de las cosas que decis en especial respecto de cierto arte conceptual que en ocasiones resulta sumamente basico y que solo me termina confirmando, por la simpleza de sus propuestas, lo poco que algunos artistas se informan acerca de politica, filosofia, pensamiento contemporaneos. Pero no todo en arte conceptual es asi, hay cosas muy valiosas. Eso ocurrio en cada momento de la historia, con cada movimiento estetico. Cosas buenas conviven con otras que no lo son tanto y la critica muchas veces se equivoca. Tambien es cierto, hay decadencia y estupidez en el arte pero creo que es solo un modo de reflejar la decadencia y estupidez por la que la sociedad esta atravesando. El tema es hacia que nuevo estadio superador nos dirigimos, y como contribuimos a esa evolucion... sin estancarnos romanticamente en repertorios esteticos ya superados! Por ultimo, el hecho de que se firme Daniel Perez o Anonimo no creo que le quite sustento a lo que uno diga, yo prefiero quedarme asi. Un cordial saludo.

2 de diciembre de 2009 7:51
Daniel Pérez dijo...
Estimado y contumaz Anónimo: creo que tus comentarios expresan tus creencias y opiniones pero no intentan ningún razonamiento consistente para defenderlas.
Me parece un grave error confundir los avances en la ciencia con la expresión artística: no cabe duda de que el conocimiento científico es acumulativo y progresivo, y que la ciencia del siglo XII o el siglo XVII ha caducado y sólo tiene interés histórico, pero en el arte, la filosofía y la poesía la noción de progreso no tiene validez porque los problemas, los temores y las preguntas que suscita la condición humana son esencialmente los mismos que en el siglo XII o el siglo XVII. Es por eso que Shakespeare, Nietzche, Conrad, Mozart y Debussy (y hasta Homero y Plutarco, por citar algunas de mis lecturas predilectas) nos siguen conmoviendo como en el pasado y siguen renovando su público y su vigencia. Decir que fueron importantes porque permitieron que el arte evolucionara me parece una visión inconcebiblemente estrecha; yo creo que son importantes porque elevaron sus respectivas disciplinas a un nivel de excelencia pocas veces alcanzado antes o después de ellos, con independencia de la evolución posterior, que pocas veces alcanzó un rango semejante.
Por otro lado, si de lo que se trata en el arte conceptual es de informarse acerca de política, filosofía y pensamiento contemporáneo, me parece que lo que luego correspondería es escribir sobre esos temas, tal como lo hacen los buenos ensayistas que procuran desentrañar las claves de nuestra época, nunca esgrimir elementales consignas ambientales, filosóficas o políticas para presentar unas cuantas láminas impresas, piedras o muñequitos bajo los rótulos de "reflexión" o "instalación".
En cuanto a los "repertorios estéticos ya superados", me parece una opinión muy general y muy temeraria. Hace un par de días leí en La Nación una carta de un lector que declaraba su entusiasmo y su emoción después de leer "La isla de los pinguinos" de... ¡Anatole France!, un autor que ya casi nadie lee, defenestrado por los impetuosos jóvenes surrealistas en la década del '20.
La realidad, estimado Anónimo, es que la gente ajena al cerrado ideologismo que impera en el guetto conceptual disfruta del arte que la emociona, el arte que puede entender, el arte que establece una sólida comunicación estética y emocional con el público, y que la fecha de realización de esa clase de arte es un dato totalmente irrelevante.
Por lo demás, siempre digo que todas las creencias son respetables cuando son sinceras; hay quienes creen en el espiritismo, en Alá, en los platos voladores o en las vacas sagradas... y también están los que creen en el arte conceptual. Pero de allí a creer que su creencia debe ser acatada como una ley universal hay un trecho muy largo. Cordiales saludos.

2 de diciembre de 2009 9:04
Anónimo dijo...
Pero Daniel, es que en arte, filosofía y poesía la noción de progreso tiene validez JUSTAMENTE porque los problemas, los temores y las preguntas que suscita la condición humana CAMBIAN. Algunas preguntas son las mismas pero escencialmente las ideas del siglo XII son distintas que las del siglo XVII y ni que hablar de las del XX porque las preguntas tambien evolucionan. Porque el mundo evoluciona. El arte, el pensamiento, la ciencia, todo! Por eso Conrad no escribe como Shakeapeare! Ni Rimbaud como Holderlin! Bacon no pinta como Da Vinci! Y Debussy no compone como Bach! Sus preocupaciones, sus busquedas son otras! Por supuesto que todos ellos nos siguen conmoviendo. Nunca dije ni propuse que "caducaran". Admiremos, estudiemos, revisitemos a los clasicos, pero desde una perspectiva actual y progresista. No tengo nada mas para decir. Creo que el arte evoluciona como evoluciona todo en este mundo y creo que la historia del arte (y de la civilizacion) convalida mi argumento.

Comentario al margen, Anatole France fue un escritor extraordinariamente exitoso en su epoca que hasta obtuvo el premio Nobel. Fue siempre muy respetado por su inteligencia, consciencia social y erudicion, pero a decir verdad, no fue un escritor sobresaliente.

2 de diciembre de 2009 11:01
Daniel Pérez dijo...
Decididamente no tenemos ni una brizna de coincidencia, Anónimo;¿cómo es eso de que los temores, los problemas y las preguntas que suscita la condición humana CAMBIAN?
Te propongo un ejercicio para constatar con cierto fundamento si los problemas, temores y preguntas cambian o no cambian: comparemos un soneto de Quevedo escrito en el siglo XVII con uno de Borges escrito en el siglo XX. Aquí va el de Quevedo:

Ya formidable y espantoso suena
dentro del corazón el postrer día
y la última hora negra y fría
se acerca de temor y sombras llena.
Si agradable descanso, paz serena,
la muerte en traje de dolor envía,
señas da su desdén de cortesía,
más tiene de caricias que de pena.
¿Qué pretende el temor desacordado
de la que a rescatar piadosa viene
un espíritu en miserias anudado?
Llegue rogada, pues mi bien previene,
hálleme agradecido, no asustado;
mi vida acabe, y mi vivir ordene.

Y el de Borges:

Yo soy el que ahora está cantando
seré mañana el misterioso, el muerto,
el morador de un mágico y desierto
orbe sin antes ni después ni cuando.
Así afirma la mística. Me creo
indigno del Infierno o de la Gloria,
pero nada predigo. Nuestra historia
Cambia como las formas de Proteo.
¿Qué errante laberinto, qué blancura
ciega de resplandor será mi suerte,
cuando me entregue el fin de esta aventura
la curiosa experiencia de la muerte?
Quiero beber su cristalino olvido,
ser para siempre; pero no haber sido.

Se diría que ambos expresan su profunda desazón ante la proximidad de la muerte, un tema clásico y eterno, que difícilmente cambie alguna vez, y también se diría que ambos utilizan la forma clásica del soneto bellamente rimado. Por supuesto, Borges fue un gran admirador de los sonetos metafísicos de Quevedo, a tal punto que muchos de los suyos, como el citado "Los enigmas", están tan claramente vinculados con esa parte de la obra de Quevedo que por momentos parecerían ser una continuación de la misma. ¿Tendremos que condenar a Borges por no recurrir a una forma "actual y progresista", o por retornar al tema fundamental de la condición humana, el que dio origen a la filosofía y la religión? ¿O te parece que Borges tampoco fue un escritor sobresaliente?

2 de diciembre de 2009 11:44
Anónimo dijo...
Daniel, no me leas tratando de refutarme! Dije "algunas preguntas son las mismas". Obviamente las de 'ese' poema en particular pueden ser las mismas. Podria yo tambien mostrarte tantos ejemplos de lo opuesto!
Ahora, dejame que puntualice un par de cosas:
-Borges es un escritor unico. Singular. Nacio clasico. Libros, poemarios, filosofias, religiones, idiomas, etc. de la antiguedad fueron su obsesion y conformaron su estilo.
Quevedo era lo opuesto. Un escritor de su tiempo... casi un artista conceptual del barroco! :)
-Borges es mucho mas que un escritor. Sus escritos investigan temas atemporales, metafisicos, misticos, etc. y han influido grandemente a filosofos, fisicos, pensadores... pero su estilo no tuvo influencia alguna en la literatura.
-Ademas de admirar a Quevedo y otros clasicos, Borges admiraba a contemporaneos como Joyce, Woolf, Faulkner, que ademas de ser grandes escritores, revolucionaron el curso de la literatura... cosa que insisto: Borges no hizo.
-Borges escribio el poema que mencionas hace como 50 años, y sus principales libros fueron escritos hace 70! Es mas, Borges murio hace 20 y pico! O sea que no solo no fue un escritor demasiado interesado en su epoca, sino que "su epoca" fue la primera mitad del siglo XX! Ahora estamos en el XXI... no tenes algo mas actual para comparar con lo antiguo? Mostrame un poema con rima escrito por un autor respetable con-tem-po-ra-neo. Nadie lo haria a no ser como chiste o juego conceptual-estilistico (que es en defnitiva lo que hacia Borges).

3 de diciembre de 2009 2:43
Daniel Pérez dijo...
Estimado Anónimo: estoy sorprendido; me decís que no te lea tratando de refutarte; ¿acaso no comenzaste tu serie de comentarios con la única intención de refutarme? ¿Por qué debería abstenerme de refutar tus refutaciones? Como en este punto que considero imprescindible refutar: Borges no nació clásico; en su juventud fue ultraista, un movimiento que en esos años era el mayor vanguardismo concebible en el plano literario, pero más tarde, hacia 1937, hizo el siguiente examen autocrítico (y finamente irónico) de la soberbia juvenil que había inspirado los manifiestos ultraístas:

“También tuvimos el arrojo de ser hombres de nuestro tiempo, como si la contemporaneidad fuera un acto difícil y voluntario y no un rasgo fatal. En el primer impulso abolimos –¡oh, definitiva palabra!– los signos de puntuación: abolición del todo inservible, porque uno de los nuestros los sustituyó con las pausas, que a despecho de constituir (en la venturosa teoría) “un valor nuevo ya incorporado para siempre a las letras”, no pasaron (en la práctica lamentable) de grandes espacios en blanco, que remedaban toscamente a los signos”.

Más tarde, en 1956, dirigió su penetrante y abarcadora mirada hacia los extravíos de los vanguardistas literarios y pictóricos:

"Para el estúpido siglo XX, o para algunos estrepitosos hombres de letras del siglo XX, hay una cosa despreciable y trivial que debe proscribirse del arte. Esa cosa es la anécdota. Quienes la proscriben y la aborrecen lo hacen movidos por el hartazgo de cierta clase de episodios sentimentales, gratos, digamos, a Carriego, que dio aquel mal paso, al azucarado Coppée o a Campoamor, que circula en su tren expreso. Ciertamente, el hartazgo no era incomprensible, y un proceso análogo había ocurrido en el campo de la pintura. Tras de expulsar a las madres y a los mendigos, el pintor pasó a los botellones y a las manzanas, después a las pipas y a los recortes, luego a los rombos y, finalmente, se redujo a la raya y al redondel. Aplicada a la literatura, esta conducta no sería menos destructiva. Bien está la palabra anécdota para exorcizar a François Coppée o al doctor Regules; lo grave es que también son anécdotas La Ilíada y Las mil y una noches, Hamlet y La divina comedia. ¿Cómo desentrañar lo anecdótico de lo narrativo? ¿Cómo admitir una proscripción que aboliría la epopeya, la novela y el teatro?"

Me parece que no hay mucho que agregar a lo que Borges dijo con extraordinaria inteligencia y sensatez: ¿de dónde sale esa absurda jactancia por el hecho involuntario y fatal de ser contemporáneos? ¿Acaso podemos ser otra cosa?
Por otro lado, debo decir que me deja tan perplejo tu fundamentalismo cronológico como el hecho de que todo cuanto se te ocurre decir sobre esos sonetos traspasados por una honda tensión filosófica, y expresados con extraordinaria belleza es: ¡que no son actuales, porque estamos en el siglo XXI! ¿Cómo se puede ser tan cerradamente reduccionista, hasta el extremo de juzgarlo todo según el criterio absoluto y excluyente de la novedad? ¿No hay en tu espíritu ni la menor brizna de sospecha de que al siglo XXI le seguirá el siglo XXII, y luego el XXIII, y que el desfile continuará con la consecuencia de que pronto seremos pasado y olvido?
Me parece; Anónimo, que no tiene demasiado sentido continuar este intercambio: has dejado perfectamente en claro tu absoluta fe en la primacía de lo nuevo. Pero me permito sugerirte que intentes tomar alguna distancia de tu culto a la actualidad, aunque sea como un juego, y medites las palabras de Borges sobre las aventuras de las vanguardias. Aunque no las haya escrito hoy a la mañana.

3 de diciembre de 2009 7:11
Luis Colucci dijo...
Anónimo:
Me parece bien abrir el debate, pero querría hacer algunas acotaciones a tu intervención:
Mozart se suma a las nueva corriente del acompañamiento armónico homofónico y de la forma sonata (Stamitz, que fue uno de sus mentores, no es muy conocido ni pertenece a la constelación de las más altas estrellas musicales) pero un día , en un viaje a Leipzig,descubre la música de Bach y, al examinar las partes de uno de sus motetes, exclama: "Por fin algo de qué aprender". Las últimas obras de Mozart (en especial el Requiem en re menor) muestran una influencia del ya pasado de moda estilo bachiano.
El interés que despertó la música de Bach en compositores de la talla de Schoenberg y Webern los llevó a orquestar dos de sus obras (una fuga el primero y el ricercare el segundo) en pleno siglo del abandono de la tonalidad y siendo ellos dos de los principales referentes del dodecafonismo.
Borges murió en 1986 y escribió hasta su muerte. Eso lo convierte en un escritor de casi todo el siglo XX, no sólo de la primera mitad. Su obra más significativa comienza a partir de la década del 30 y gran parte de su producción previa (influída por el modernismo) fue duramente criticada por él.
Borges tal vez haya sido clásico en cuanto al estilo de su prosa, pero su literatura es absolutamente novedosa.
"Pierre Menard, autor del Quijote" fue escrito en 1939, mientras que James Joyce (auténtico escritor de la primera mitad del siglo XX) publica ese año "Finnegan's wake". Podría pensarse en ese momento que lo de Joyce era vanguardia y lo de Borges no lo era, pero cuál es la lectura que se hace hoy de Pierre Menard? No creo en absoluto que Borges no haya influído en la literatura.
Saludos.

3 de diciembre de 2009 7:53
Anónimo dijo...
Conozco y admiro la obra de Borges profundamente. Lo he leido y releido, ademas de todas las biografias serias en existencia. Y sabemos que Borges se equivoco muchas veces en su vida. No se equivoco por cierto cuando con los años defenestro a ese mamarracho llamado ultraismo que al contrario de lo que decis, fue un "movimiento" insignificante, formado en España por 4 o 5 escritores insignificantes, y que no duro mas de 3 o 4 años sin dejar la mas minima huella en las letras.
Nunca dije que el problema de tus sonetos fuera que no son actuales. Son muy bellos los dos. Dije, nadie escribe mas asi HOY. Hablaba del estilo, de la FORMA. Dije: es cierto, algunos temas son eternos y permanecen, pero tambien nuevos temas y nuevas formas aparecen y viejos temas y viejas formas pierden vigencia y se desvanecen. Asi es la vida (y el arte) para mi: rica, dinamica, cambiante.
En fin, gracias por tu atenta lectura (lo digo ironicamente por supuesto) y hasta siempre.

3 de diciembre de 2009 9:30
Anónimo dijo...
Luis: Dije claramente "Admiremos, estudiemos, revisitemos a los clasicos, pero desde una perspectiva actual y progresista." Es exactamente lo que hicieron los compositores que mencionas. De Borges dije claramente "su ESTILO no tuvo influencia alguna en la literatura." Puedo estar equivocado, pero sigo creyendo que es asi. Sin embargo, nadie volvio a escribir igual despues de Joyce o Faulkner. Con lo que si creo que influye Borges es con sus temas, con sus ideas. Pero a decir verdad, creo que se debe a que muchos autores consideran Borgiano algo que en realidad Borges tomaba de cierta literatura antigua universal y que solo el (o pocos) se pudo tomar el tiempo de leer y estudiar. Caso contrario me gustaria que cites algun autor relevante influido por el estilo de Borges. Hay si todo el tiempo autores que tratan de imitarlo pero creo que su estilo era tan unico y atemporal que tratar de imitarlo siempre resulta un fracaso. Creo sinceramente que Borges era unico. Un caso especial dentro de la literatura (junto con algun otro puñado de visionarios) .

3 de diciembre de 2009 9:47
Daniel Pérez dijo...
Estimado Anónimo: como despedida te dejo un modesto soneto de mi autoría, cuya fuente no es otra que mi profunda admiración por Borges y por la poesía del siglo de oro español. Ya ves que SE PUEDE escribir así HOY. Podrás decir que mi poema es un mamarracho anacrónico, pero su existencia demuestra que se puede escribir así. Basta con practicar la libertad artística y la libertad y de pensamiento, y no atarse a ninuguna fórmula pretendidamente definitiva.(Dentro de un ratito, HOY ya se habrá convertido en AYER).

Ha cruzado el Rubicón tu rival implacable,
De nada te valdrán legionarios ni escudos,
No te ocultarán los montes más oscuros,
Ni habrá murallas que te libren de su sable.
Estás perdido. Nunca verás el resplandor
Del nuevo amanecer y el radiante futuro;
No verás emerger las almenas y el muro
Ni volverá a tus ojos la chispa del amor.
Ya el olvido apronta su abrazo invisible
Y el río formidable acaricia tus talones;
Ya se oye el eco de los llantos y los sones
Que anuncian el rigor de lo indecible.
El pulgar del César, el dueño de tu hado,
Te dice que tu tiempo ha terminado.

3 de diciembre de 2009 9:49
Luis Colucci dijo...
Bolaño:
"Después de su libro sobre piratas y otros forajidos, escribió dos libros de relatos que probablemente son los dos mejores libros de relatos escritos en español en el siglo XX. El primero aparece en 1941, el segundo en 1949. A partir de ese momento nuestra literatura cambia para siempre."
Saramago: “Lo que faltaba ahora es estar contando aquí que si Borges no existiera tampoco existiría yo”.
“No sé si será el mejor escrito, pero fue el primero que leí. Y el descubrimiento de un mundo nuevo quedó conmigo como referencia. (...) Elijo Ficciones porque es el que más me gusta a mí”.
Saramago hizo hincapié en cómo Borges influyó en su obra y develó que un personaje de su novela El año de la muerte de Ricardo Reis está inspirado en Borges y que el protagonista del cuento Pierre Menard, autor del Quijote es “una influencia muy presente” en la construcción de ese libro.
Pamuk:
"Cuando yo leí a Borges, que es esencialmente ensayista, intelectual y un gran cuentista, pensé en liberarme de escribir como Balzac o Dickens", expresó el autor europeo. Así, admitió, pudo ver los problemas de Turquía de "manera experimental y modernista".
(Continuará)

3 de diciembre de 2009 23:13
Luis Colucci dijo...
Justamente, eso del juego conceptual-estilístico es, a mi juicio, parte decisiva del estilo de Borges.
Más que emitir opiniones sobre escritores relevantes influídos por él, me remito a transcribir algunos comentarios que se hicieron sobre él:
Julio Cortázar:
"El choque que me produjo a mi la escritura de Borges fue sin duda el mas grande que yo habia recibido hasta ese momento. [...] Encontrar en la Argentina [...] a un hombre que ha pulido, que ha limado el lenguaje reduciéndolo casi al nivel de aforismo, de apotegmas, de frases lapidarias era una experiencia que un joven escritor sensible tenia no solamente que recibir sino que aceptar y seguir. Seguir sin imitar. Ese es el asunto. Eso es lo que hizo que a mi, por suerte, no me tocara ser un borgista. Porque usted ve lo que paso con los que, en vez de seguir la leccion del maestro, lo imitaron. El resultado fue una plaga de borgistas de los cuales nadie se acuerda hoy."
García Márquez, reconoce su influencia en los diálogos con Vargas Llosa en el texto La novela en América Latina, donde afirma que: «Con Borges a mi me sucede una cosa: Borges es uno de los autores que yo más leo y he leído (…). A Borges lo leo por su extraordinaria capacidad de artificio verbal: es un hombre que enseña a escribir, es decir, que enseña a afirmar el instrumento para decir las cosas».
El escritor argentino Ricardo Barnatan afirma que Borges: «Ejerció una indiscutible maestría en la literatura de nuestra lengua con una socarrona humildad. Su influencia indeleble en los grandes escritores latinoamericanos ha sido reconocida por quienes respetan su literatura más allá de las coincidencias o divergencias políticas. Octavio Paz, Julio Cortázar, Manuel Mujica Láinez, Ernesto Sábato, Mario Vargas Llosa, Guillermo Cabrera Infante, e incluso García Márquez y Carlos Fuentes han repetido muchas veces que ellos no hubieran sido lo que son si no hubieran bebido del manantial Borgiano»
Umberto Eco, en El Nombre de la Rosa, llama a un personaje Jorge de Burgos como «una manera de rendirle homenaje a Borges» y recuerda que cuando tuvo su primer encuentro con los textos del argentino lo enloquecieron; «me pasaba noches y noches leyéndoselo a mis amigos. Me reconocí de inmediato en Borges».
Carlos Fuentes: “sin la prosa de Borges no habría, simplemente, moderna novela hispanoamericana”
Roa Bastos: pese a las acusaciones recibidas, Borges es el único autor latinoamericano realmente revolucionario, “porque su revolución del lenguaje ha sido la única irreversible y transformadora que se ha dado en el continente”.
En 1965, John Updike se interrogaba sobre si el acceso a la obra de Borges no llegaría a producir un giro entre los escritores de su país, que pudiera ser “como una guía para salir del estancado narcisismo y del estado de lamentable desperdicio en que se encuentra la narrativa norteamericana actual”.
(Continúa)

3 de diciembre de 2009 23:13
Luis Colucci dijo...
No me quiero extender (pero lo hago). También pienso que Borges era un caso especial.
Y también pienso que hay que estudiar a los clásicos desde una perspectiva actual, pero, acaso hay otra forma? Es una fatalidad.
La duda que me carcome es la siguiente: Si es válido el arte pop que, por ejemplo, en la música utiliza con mucha frecuencia la estructura binaria y una armonía que en ciertos casos se limita a progresiones de la época de John Dowland, por qué entonces no pueden escribirse sonetos?

3 de diciembre de 2009 23:24
Daniel Pérez dijo...
Gracias por tus aportes, Luis.
Recuerdo otros nombres entre los que expresaron su admiración y su deuda con Borges: Italo Calvino, Roger Callois, Martin Amis (que suele nombrar a su padre, Kingsley Amis, y a la trilogía Saúl Bellow-Nabokov- Borges como sus "maestros reconocidos", el excelente novelista y poeta Andrés Neumann, que dijo en una entrevista reciente:
"Creo que Borges es un autor, más que recomendable, inevitable. Es decir, Borges tiene tantos hilos sujetos que es difícil no terminar reincidiendo en él. No tanto por cultura general sino porque, como decía Umberto Eco, Borges inventó internet, entonces cuando entres por una puerta, Borges estará. Ese viejo en un sofá esperándote", y el mismo Eco, que dijo esto:
"Recuerdo que tenía 22 o 23 años cuando se publicó por primera vez Ficciones. Se habían hecho unas 500 copias, prácticamente nadie se había dado cuenta. Entonces vino un poeta italiano (¿Sergio Sogni?), que me dijo: "Lea este libro. Es de un argentino que nadie conoce aquí". Me enloqueció. Me pasaba noches y noches leyéndoselo a mis amigos. Me reconocí de inmediato en Borges. Fue un amor a primera vista. Desde mi juventud, cuando Borges apenas tenía 1000 lectores en Italia. Era un desconocido en ese momento (estoy hablando del año 1955 o 1956). Evidentemente, hay una suerte de homenaje en El nombre de la rosa, pero no por el hecho de que haya llamado a mi personaje Burgos. Una vez más estamos frente a la tentación del lector de buscar siempre las relaciones entre novelas: Burgos y Borges, el ciego, etc.. Simplemente me gustó la idea de tener un bibliotecario ciego y le puse el mismo nombre de Borges, pero en ese momento todavía no sabía que iba a quemar la biblioteca. Es una alegoría. Al igual que los pintores del Renacimiento, que colocaban su retrato o el de sus amigos, yo puse el nombre de Borges, como el de tantos otros amigos. Era una manera de rendirle homenaje a Borges".
En fin, ¿para qué seguir?

4 de diciembre de 2009 4:59
Anónimo dijo...
No son 3 los autores que expresaron admiracion por Borges! Son miles! Son todos! Yo hablaba de ES-TI-LO. No hay nada de Borges en Amis! Ni en Neuman. [En Calvino tampoco aunque si hay cosas en comun que seria largo de explicar. Caillois ni siquiera era un escritor. Y ninguno de los dos son contemporaneos. Yo pregunte por algun escritor actual en cuyo estilo Borges hubiera influido claramente.] Eco es mejor pensador/filosofo que escritor de ficcion... y lo siento, pero tampoco toma nada del estilo de Borges. Borges no escribia novelas y mucho menos mamotretos de 600 paginas. Eso es casi ANTI-Borges. Hay autores, eso si, que SE ATRIBUYEN su estilo o tienen criticos literarios que lo sostienen. En la contraportada de la novela 'Los Detectives Salvajes' de Bolaño, por ejemplo, un papanatas dice: es la novela que Borges hubiera aceptado escribir'... por Dios! Borges hubiera detestado esa novela como detestaba todo texto demasiado crudo y extenso. El era un purista de la escritura y solo aceptaba textos con esa condicion. Bolaño, fue un gran escritor que admiraba inmensamente a Borges... pero nunca intento escribir ni parecido.
Luis,
Si, hay otra forma de estudiar los clasicos desde una perspectiva no actual. Lo hacen muchos. No hay nada mas erroneo que pensar que solo porque vivimos en esta epoca COMPRENDEMOS la contemporaneidad. En eso Borges se equivoca. Hay gente que no hace mas que despotricar contra 'lo moderno' y adscribe a cualquier mamarracho basado en premisas clasicas. Gente que vive en esta epoca pero ajeno a lo que esta pasandole alrededor. Es una tendencia 'romantica' de idealizacion de lo pasado que existio siempre y que desde mi punto de vista es basicamente ERRONEA. Y sí, pueden escribirse sonetos... el punto es como. Habria que verlo, si tenes algun caso, aportalo. Seria muy interesante analizarlo. Pero por alguna razon ningun poeta RELEVANTE lo hace. Porque sera? Del mimso modo que nadie RELEVANTE escribe mas operas 'a la Verdi'. Se siguen escribiendo operas, John Adams, Osvaldo Golijov (dos de los mejores compositores de esta epoca) y tantos mas lo hacen pero desde una perspectiva contemporanea.

4 de diciembre de 2009 7:54
Anónimo dijo...
Perdon, no habia leido los dos primeros mensajes de Luis. Seria muy largo comentar cada escritor que citas y no los he leido a todos. Pero aplica lo mimo que dije antes. Borges es admirado, e inevitablemente influye. Pero no hay modo de dejarse influir por su ESTILO sin escribir un autentico mamarracho [tal como lo señala Cortazar].

4 de diciembre de 2009 8:07
Anónimo dijo...
Estaba pensando que seria muy util releer ese extraordinario texto de Borges llamado "Kafka y sus precursores". Mas que nada para tratar de entender exactamente lo que quiso decir con aquello de "como si la contemporaneidad fuera un acto difícil y voluntario y no un rasgo fatal".

4 de diciembre de 2009 8:17
Daniel Pérez dijo...
Anónimo: por cierto, son incontables los autores que se declaran admiradores de Borges y admiten haber sido influenciados por él, lo cual no quiiere decir que escriban como él, porque eso los hubiera convertido en irrelevantes imitadores. Pero por lo visto la realidad te tiene sin cuidado. Aunque esos escritores hayan expresado de mil maneras y en mil ocasiones su admiración, y lo hayan llamado "maestro", como en el caso de Amis, vos te permitís rectificarlos, como cuando decís que "no hay nada de Borges en Amis".
Quiere decir que sabés más de Amis que el mismo Amis.
Y luego decís que como Borges no escribía novelas, tampoco Eco tiene nada de Borges. Y desmentís también a Eco.
O sea que para vos sólo puede llamarse seguidor o discípulo de Borges quien escriba cuentos sobre compadritos, laberintos y espejos e imite su peculiar adjetivación.
Debo decir que tu reduccionismo y tu esquematismo tienen proporciones tan oceánicas como tu impulso de tener razón contra toda razón. No importa que Amis, Eco, Pamuk, Bolaño, Neumann o quien fuere declaren cuánto le deben a Borges: Anónimo les dice: ¡ustedes están equivocados! ¡No le deben nada, porque no se le parecen!
¿No es evidente que si se parecieran a Borges, no serían grandes escritores, porque no habrían construído una voz personal, y por ende no serían quienes son? ¿Es necesario explicar cosas tan elementales?
Luego decís:
"Y sí, pueden escribirse sonetos... el punto es cómo. Habria que verlo, si tenes algun caso, aportalo. Sería muy interesante analizarlo. Pero por alguna razón ningun poeta RELEVANTE lo hace. Porque será?"

Pues bien, te aporto este espléndido soneto amoroso de Andrés Neuman, nacido en 1977, lo que significa que tiene 32 años: ¿te parece suficientemente contemporáneo? ¿Nos dirás que no es un poeta relevante? ¿O lo llamarás para explicarle que NO DEBE escribir sonetos porque una ley universal e inviolable lo prohibe?


Si atravieso la última espiral,
Complétame la fuga con un beso
Por debajo del lóbulo; con eso
Vendería mis bienes por el mal.

Qué sencillo este juego: la moral
Se muere entre tus piernas por exceso,
Entrego la conciencia y luego ingreso
En tu nerviosa boca de panal.

Inventar un idioma que se calle.
Malhablarnos. Hacer de ti a mordiscos
Mi mejor apetito hasta que estalle
La tacaña razón de los ariscos,
La obsesión por cuidar cada detalle,
El miedo a que el placer nos deje bizcos.

Espero, Anónimo, que disfrutes este delicioso soneto: saborealo, leelo hasta retenerlo en tu memoria, disfrutalo como el fino bocado que es, y tratá de superar el rígido esquema que encarcela tu pensamiento.

4 de diciembre de 2009 9:40
Anónimo dijo...
Daniel,
Andres Neuman no solo escribio sonetos, escribio tambien haikus. Es una revisita desde lo contemporaneo, un ejercicio estilistico. Nunca dije que no se podia, se puede cualquier cosa pero COMO? DESDE DONDE? Me la paso citandome a mi mismo: "Admiremos, estudiemos, revisitemos a los clasicos, pero desde una perspectiva actual y progresista." eS LO QUE HACE nEUMAN Y TANTOS OTROS. Me refiero a que el soneto, el poema en rima era un estilo contemporaneo a su tiempo [Ese era el eje de esta discucion!] y era basicamente la NORMA. Mientras que OTROS son los estilos, los formatos y tambien los contenidos de esta! NADIE (que yo sepa) escribe versos em rima como norma. Pero en otra epoca LO ERA. Quizas lo confuso de estos tiempos sea justamente su caracter 'posmoderno', que justamente favorece todo tipo de exploraciones [por eso Borges es tan genial, porque fue un visionario precursor del posmodernimo... sin saberlo y sin siquiera estar interesado en serlo]. El tema es, insisto, el COMO. Y con respecto a Amis? Daniel, vos lo leiste? Me podrias decir en donde notas influencia de Borges? Tal como dije influencias tenemos todos. De lo que yo hablaba era de ES-TI-LO. Yo no hable de seguidores ni de discipulos. Solo me atrevi a decir que el estilo de Borges, que es muy claro para cualquiera que lo lee [o lee a sus imitadores] no dejo huella en la literatura, mientras que los logros estilisticos ianugurados por la narrativa experimental del trio Joyce, Woolf, Faulkner son pilares de la escritura posterior. Despues de ellos ya no se puede escribir una novela a la Flaubert. [Una vez mas: A NO SER QUE TE PROPONGAS UNA REVISITA POR ALGUNA RAZON ESTILISTICA QUE TE INTERESE EXPLORAR PUNTUALMENTE.]

4 de diciembre de 2009 11:05
Daniel Pérez dijo...
Estimado Anónimo: cada vez estoy más admirado. Tu método para interpretar lo contrario de lo que la gente afirma es verdaderamente prodigioso. Con él se podría demostrar que Hitler no fue nazi y que Benedicto XVI no es católico.
Afirmas que hoy NO SE PUEDE escribir un soneto, me pedís que te cite aunque fuera uno de algún autor relevante, y cuando transcribo el sugestivo y encantador soneto de Neuman decís que ese no vale porque... ¡sólo quiso hacer un ejercicio de estilo! ¿Qué puedo decir?
Es evidente que las cosas nunca son como son, sino como vos querés que sean.
Como prueba valga tu pretensión de cambiar también el sentido de un muy preciso pensamiento de Borges.
Decís: "Estaba pensando que seria muy útil releer ese extraordinario texto de Borges llamado "Kafka y sus precursores". Mas que nada para tratar de entender exactamente lo que quiso decir con aquello de "como si la contemporaneidad fuera un acto difícil y voluntario y no un rasgo fatal".
¿Qué es lo que querés "entender exactamente"?
Cuando Borges dice: “También tuvimos el arrojo de ser hombres de nuestro tiempo, como si la contemporaneidad fuera un acto difícil y voluntario y no un rasgo fatal", se debe entender exactamente lo que dice con toda claridad, y no echar mano a otro texto donde habla de otra cosa, para cambiar el sentido de lo que dijo de manera unívoca y taxativa.
Aunque evidentemente no lo creés, te aseguro que la realidad también existe

4 de diciembre de 2009 12:36
Luis Colucci dijo...
Precisamente, el vanguardismo de Borges es mucho más claro hoy que en la primera mitad del siglo XX. Por cierto, hoy se puede leer a Kafka a través de Borges. A propósito, alguien dijo, creo que fue Sábato: "Kafka dio otra dimensión a la palabra proceso. Claro que también pueden inventarse palabras".
Lamentablemente, mis limitaciones no me permiten saber dónde queda la vanguardia y, habida cuenta del postmodernismo en boga, dudo que alguien pueda señalarla. A la luz de los hechos, la sinfonía clásica de Prokofiev y la novena de Shostakovich hoy pueden ser postmodernas, pero considerarlas de tal modo en su momento hubiera resultado anacrónico.
Algo más, recuerdo que cuando hacía ejercicios de composición en estilo solía tener el siguiente problema: me resultaba complicado evitar algunos giros melódicos que, por ejemplo, en el barroco no se usaban. Y esto sucedía, justamente, porque me sonaban bien, lo cual era lógico ya que mi oído tenía incorporado a Beethoven, Bartok, los Beatles y Coltrane. En posteriores trabajos quise tomar esa tradición barroca en mi música, no ya en un ejercicio estilístico de estudio, sino como algo que pudiera resultarme, de algún modo, significativo, considerando que lo que hago se emparenta con el rock. El enmarcar la pieza en una forma y una técnica dada me sirvió de base, aunque me pudiera tomar mis licencias para mejorar (o empeorar) el resultado final. Bueno, precisamente eso es lo que suelen hacer los artistas contemporáneos con la forma: no importa cuál sea el marco formal que se impongan (una serie, una escala mayor, formar acordes por cuartas, elegir las notas aleatoriamente), habitualmente se imponen un sistema a elección y eso no excluye ninguna forma, aunque sea anticuada. Más que el deseo de ser contemporáneo, supongo, colaborarán en el resultado: la atención del artista, el talento, la agudeza de su mirada hacia el mundo que lo rodea y, por qué no, tal vez el azar.

4 de diciembre de 2009 13:44
Anónimo dijo...
No voy a seguir recortando y pegando lo que dije y sostuve constantemente. Si tenes ganas y tiempo en algun momento releelo. No es tan complicado, lo vas a entender. Si alguien mas esta leyendo esto espero que no haya sentido el mismo desconcierto de Daniel y que finalmente se haya entendido algo de lo que quise decir y que era muy simple a pesar de que tuve que explicarme y citarme, re-explicarme y re-citarme infinidad de veces para decir lo mismo y todavia se me sigue malinterpretando. En fin, los vericuetos de la comunicacion son siempre mas complejos de lo que uno cree.

martes, 1 de diciembre de 2009

Los "top ten" del arte contemporáneo

Como sucede en todos los tiempos, tal vez para validar la teoría del eterno retorno, las miserias y los horrores cotidianos de hoy se funden en caótico aluvión con los oasis de belleza y los disparadores de los goces más puros, que no se limitan a las delicias del amor romántico ni se agotan en las excelsitudes de la danza, la música o la poesía.
Entre los inabarcables causales de felicidad humana, que pueden ser tantos como los gustos de los tiravidas que habitamos este mundo, siempre dispuestos a gozar del far niente y a entretenernos con el vuelo de la moscas, debemos incluir a los torneos de alta competencia que libran los maestros del tenis.
En cada torneo, los top ten nos deleitan con los prodigios de virtuosismo y precisión que ejecutan para disputarse el ansiado número uno y acaparar la admiración mundial.
Se trata, como es sabido, de un proceso que se desarrolla dentro de la más absoluta transparencia, difundido en vivo y en directo por la televisión mundial y que no deja demasiado margen a dudas ni discusiones, porque está




















enmarcado por un conjunto de reglas inequívocas, pensadas para que los contendientes
gocen de la absoluta igualdad de condiciones que permitirá establecer sin ningún tipo de dudas quien es el ganador y quiénes son los diez mejores, los integrantes del famoso top ten. Lamentablemente, esa envidiable claridad, debida al conjunto de reglas y límites inequívocos que regulan el tenis, no es transferible al escurridizo y neblinoso mundo del arte.
En efecto, no cuesta nada imaginar el descomunal embrollo que desataría la designación de los top ten del arte


























contemporáneo, pero como todo es cuestión de gustos y de animarse, aquí va mi lista de los diez grandes maestros vivos del arte contemporáneo: Carlos Alonso, Avigdor Arikha, Fernando Botero, Lucian Freud, David Hockney, Julio Larraz, Antonio López García, Odd Nerdrum, Guillermo Roux y Tomás Sánchez.
Hay algunas aclaraciones necesarias para entender el espíritu de esta lista. La primera es que el orden alfabético obedece a la imposibilidad de establecer primacías dentro del empinado parnaso que comparten esos nombres sobresalientes. Como muy bien dijo Ortega y Gasset, los grandes pintores no son entidades comparables, porque la obra de cada uno de ellos aporta un complejo sistema de belleza y significación que es absolutamente autónomo y singular, lo que haría absurdo sostener que Velázquez es mejor que Rembrandt, o viceversa; todo cuanto sensatamente se puede afirmar es que Velázquez es el más grande de los velazquistas y Rembrandt el mejor de los rembrandtianos.
La segunda aclaración es, en realidad, una respuesta anticipada a las previsibles objeciones ante la notoria ausencia en esta lista de artistas conceptuales y pintores abstractos. Sobre los primeros basta con repetir lo que tantas veces señalamos en este blog: creer que una cama deshecha, una lata de sopa o un tiburón en formol se convierten en obras de arte por el mero hecho de ser presentados en un museo es una superstición que sumerge al mundo del arte en el irracionalismo y la estupidez.
La pintura abstracta es una cuestión bastante más compleja: para decirlo en pocas palabras, mi opinión es que la prohibición de aludir al mundo real como medio de lograr una expresión autónoma representa una grave mutilación. La composición, el equilibrio y la riqueza del color son factores importantes en una pintura, pero la erradicación de las referencias a la realidad se salda con una atronadora ausencia de significado. Para usar un símil gastronómico, la abstracción me parece un bocado exquisitamente presentado pero carente de sabor: si aspiro a lograr una satisfacción plena necesito que el plato sea igualmente grato para la vista y el paladar, una condición que mis top ten cumplen con holgura, porque sus obras son son una magnífica conjunción de belleza y sentido.